Atul Gawande es un médico que trabaja como cirujano en uno de los mejores hospitales del mundo, el Brigham and Women’s en Boston y además es escritor.  Sin ninguna duda la combinación ideal. Ha escrito tres libros, el segundo lo termine la semana pasada y habla sobre el rendimiento en el ejercicio medico y acá me atrevo a incluir al personal de la salud,  incluyo a todas las personas que están a cargo del cuidado de un paciente.

Se pregunta Gawande, ¿que hace mejor a una persona en la cual el “fracaso” es muy fácil y sin ningún esfuerzo? situación bastante factible en el ejercicio de la medicina.

Me pregunto yo, como se puede medir la “competencia” en medicina (insisto, en todas las personas que trabajamos en salud). Esa pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo y tener un desenlace “adecuado” o esperado por lo menos.

Cuando uno comienza a estudiar medicina y comienza a ejercerla, cree que todo es hacer diagnósticos difíciles, tener una destreza técnica “suprema” y algunas habilidades mínimas de comunicación y oh! sorpresa cuando la realidad es otra; una lucha permanente contra un sistema de salud inequitativo, con recursos escasos y personas con múltiples expectativas y motivaciones y acá incluyo a médicos, enfermeras, pacientes, familiares, etc., etc. y mas aun nos toca enfrentarnos con nuestras propias deficiencias. Fácil o no?

Y a pesar de esto, tenemos que avanzar, educar y mejorar. Pues esta es la esencia del libro del Dr. Gawande.

Aqui las soluciones:

  1. Diligencia: Hay que ser diligentes en el ejercicio medico.  De acuerdo, la diligencia es una virtud cardinal. Es el esmero y el cuidado en ejecutar algo y como toda virtud se trabaja, netamente poniéndola en práctica. Esta diligencia nos previene de cometer errores y nos ayuda a sobrepasar obstáculos. Un ejemplo sencillo, el lavado de manos.
  2. El segundo desafío es mas fácil todavía “hacer el bien”. Frente a este asunto el planteamiento de Gawande va a que la medicina es una profesión fundamentalmente ejercida por “personas” y personas con defectos como la avaricia, la arrogancia, inseguridad, la envidia, etc. etc. Y aquí sale otra pregunta ¿cuánto debemos pagar o como debemos pagar o que les debemos a los pacientes cuando se cometen “errores” en el ejercicio medico? Ni idea. Si usted sabe escribame.
  3. Y termina el Dr. mencionando la INGENUIDAD y cuando habla de ingenuidad se refiere a la falta de malicia y al ingenio. Esa facultad del hombre (mujer) para reinventarse en el camino. No para improvisar en el camino. La improvisación no requiere estudio ni preparación. Este ingenio tiene que ver con carácter, con esa disposición de reconocer los errores y no la disposición usual de justificarlos. Esa disposición de reflexionar.

Pues de eso hablaba el libro del doctor Gawande, tres características que hay que fomentar en cada persona que trabaja con el riesgo y la responsabilidad siempre a su lado. El mejoramiento continuo como lo llaman ahora los médicos que NO ejercen medicina es sin duda una labor de todos los días.

El mundo esta “loco”, esta inmerso en el caos, estamos lejos de los acuerdos y de las certezas y para complicar mas las cosas por ahí en una esquina esta la medicina.

A los médicos de “bigote” o de la generación HI-FI y a las enfermeras de “toca” no tengo nada que decirles. A los (las) de la generación WI-FI les digo que la negligencia es el peor enemigo de la productividad. Ustedes creyentes que leen la Biblia, revisen el libro de Hebreos capitulo 2, verso 1: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”.

Buen dia.